PENSAMIENTOS

Mi amigo Pedro – Sobre el ritmo de la vida

Que dice mi amigo Pedro que para qué tanto cambio de hora, que él no piensa mover nada.

Que para qué le hace falta, dice, si él no tiene que ir a trabajar.

Pues es verdad, le digo.

Que se mira el reloj, y si marcan las 12 él sabe que son las 11.

Esto es sabiduría.

Y es que tiene razón, para qué marearse para aquí y para allá.

Que lo del tiempo es relativo, y para él eso ya queda en segundo lugar.

Y yo le miro, y sólo puedo darle la razón, porque la tiene. Pero luego llega su hijo Martín y, claro, no lo entiende.

Que hay que cambiar la hora del reloj, le dice, que no puede estar así.

¿Y para qué tengo que cambiarla? -gruñe Pedro.- Que yo no la cambio.

Y Martín cabecea.

Pedro está tranquilo.

No piensa cambiar la hora en el reloj, está bien así como está.

Martín vuelve a cabecear. Vuelve a insistir.

Pedro ya ni responde, sonríe con esa media sonrisa que tiene llena de paz. Está tranquilo, y no, no va a cambiar la hora en el reloj.

Que así está bien, que la sociedad ya no lo mueve al ritmo que él no quiere, que esa es una ventaja que da la edad, y él se permite esa ventaja.

Le costó muchos años de vida aprender a seguir su propio ritmo, y no cambiar la hora forma parte de ello.

Esta sociedad que lo marca todo, que lo impone todo, quieras o no quieras.

Pues él ya no quiere.

Pedro quiere continuar así, saboreando su paz en medio de esta espera, que su sentido tendrá.

Ahora ya no lo mueve nadie si él no quiere, por lo menos así, en estas cosas, en estas menudencias.

Y si quiere cortarse las uñas sentado en el banco de la calle, pues se las corta, que para eso lleva su cortaúñas en el bolsillo.

Ese bolsillo.

La vida.

Este es uno de los regalos que nos da la vida. Al tiempo.

Una especie de libertad dentro de la jaula.

Y, mientras tanto, una madre juega en el columpio de al lado con su hijo. Y las risas del pequeño lo inundan todo.

Pedro sonríe.

Pedro siempre sonríe.

María Teresa

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